jueves, 28 de enero de 2010

Casas de apuestas: Un lobo para el fútbol

Las apuestas deportivas se han convertido en los últimos años en una actividad habitual en todo el planeta. La expansión de internet ha favorecido el auge de un negocio que cuenta cada vez con más empresas y consumidores.

Pero detrás de ese entretenimiento se esconde un peligro que amenaza con poner en jaque el mundo del deporte, empezando por el fútbol. Así lo reconoce la FIFA, que ha activado la alerta roja por la irrupción de las mafias y las organizaciones criminales, la mayoría asiáticas, en el sector de las apuestas.

Hoy en día podemos apostar a prácticamente todo, incluso en deportes y categorías cuyos participantes podrían tener mucho más que ganar en el sector de las apuestas que en su disciplina deportiva. Es de esperar que los organismos reaccionen y ajusten de alguna forma el control sobre estos riesgos. Y es que para los aficionados va a ser realmente triste descubir, más allá de la simple sospecha, que presenciamos empates amañados, goles preparados, o decisiones arbitrales coaccionadas por intereses económicos particulares.

Cada día tengo más claro que este asunto es la principal amenaza del juego limpio en la actualidad, doblegando incluso al dopaje. Según fuentes de internet, en Europa se facturan tres mil millones de euros al año, una cantidad poderosa y capaz de trastocar parte del sistema que hay montado en el fútbol.

Existen tantos casos de fraude, que de citarlos todos, a más de uno se le quitarian las ganas de volver a ver un partido de fútbol. A pesar de ello nombraré algunos de los más relevantes encontrados en la red:

El país que más fraudes ha registrado es Italia. En 2004, la Fiscalía Antimafia descubrió el «Tottonero». Cinco futbolistas y catorce equipos, comenzando por el Lecce y el Chievo, «trabajaban» con una red de apuestas.

Las mafias asiáticas encontraron en Bélgica el mercado ideal. El comerciante chino Ye Zheyuan y el italiano de origen belga Pietro Allata dirigieron una trama que en 2006 sobornaba a clubes en crisis financiera. Las grabaciones implicaron al Mons, a La Louviere y al Geel. Zheyuan pagaba 200.000 euros por partido. Su dinero tocó a equipos como el Allinasi finlandés y el Ethnikos griego.

La Liga Portuguesa también se miró el ombligo. En 2007 abordó un proceso que implicó al Oporto, al Boavista y al Uniao Leiria, al descubrir sobornos a cinco colegiados. El Boavista fue descendido. El Oporto perdió seis puntos, pero mantuvo el título de campeón y la UEFA le permitió jugar la «Champions». Junto a los colegiados fueron condenados el presidente de la Liga (Loureiro) y los dirigentes de los tres clubes.

En España, apareció la sospecha del amaño del encuentro Las Palmas-Rayo Vallecano, con un empate a cero que beneficiaba a los dos equipos y a demasiados «jugadores», en todos los sentidos. El propio Pepe Mel, entrenador franjirrojo, preguntó a sus pupilos, en el intermedio de aquel encuentro (13 de junio de 2009) si tenían que decirle «algo». No es tonto. No había tensión en el encuentro. Ni intención de ganar. Silencio. Nadie contestó. «No me cabe en la cabeza que un futbolista del Rayo ponga en juego su profesionalidad por 2.000 ó 3.000 euros». La clave es que se puja semanalmente, no sólo en una jornada.

Para concluir, me gustaría citar una frase del miembro de la FIFA Friedrich Stickler: "Cuanto más dinero está implicado, mayores son los peligros de corrupción". Creo que todos compartimos esta afirmación, lo que ninguno sabemos, son las consecuencias que esta corrupción puede generar en los próximos años. Personalmente creo que cuando se tire de la manta, el fútbol perderá muchos adeptos. El juego en su esencia seguirá practicándose, pero por otro lado asimilaremos con frustración porque hace años a este deporte se le llama negocio.

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